Pincho de jamón de 39,90 metros


El cortador Nico jiménez batió ayer en la Plaza de la Cruz un récord al conseguir un pincho de jamón de 39,90 metros de longitud. Los cuchillos utilizados se subastarán y donarán a la Fundación Juan Bonal.

Ayer se batieron varios récords en la Plaza de la Cruz de Pamplona. Todos relacionados con el jamón. Todos, por una buena causa. El extremeño Nico Jiménez, cortador de jamón profesional, consiguió cortar una loncha de ibérico de 19,80 metros de largo. Superó así “con creces” la marca que le hizo ganar este mismo año el Premio Guinness. Una loncha de 13,90 metros que ya está registrada en el Libro de los Récords. .

Ayer se batieron varios récords en la Plaza de la Cruz de Pamplona. Todos relacionados con el jamón. Todos, por una buena causa. El extremeño Nico Jiménez, cortador de jamón profesional, consiguió cortar una loncha de ibérico de 19,80 metros de largo. Superó así “con creces” la marca que le hizo ganar este mismo año el Premio Guinness. Una loncha de 13,90 metros que ya está registrada en el Libro de los Récords.

Con esa tira de casi 20 metros fue fácil conseguir el tercer récord del día: el pincho más largo del mundo. Cortaron por la mitad la insólita loncha, la pusieron sobre pan y lograron un montadito de jamón de 39,90 metros de largo. Nadie se quedó con hambre ayer en la Plaza de la Cruz.

La Fundación Juan Bonal fue quién organizó esta curiosa iniciativa dentro de la Semana de la solidaridad navarra que termina este domingo. Luis López, su director de marketing, fue el “afortunado” que dio el último corte a la ya famosa loncha. “Para nosotros ha sido una maravilla que Nico viniera de forma desinteresada a colaborar con nosotros. Es la manera de llegar al corazón a través del estómago”, explicó.

Récord en hora y media

La hazaña comenzó un poco antes de las once y media de la mañana en la Sala Mikael. En el escenario, Nico Jiménez y un jamón extremeño, como él. De público, muchos medios de comunicación y algunos curiosos. Todos esperaban ser testigos del récord. “Qué paciencia”, comentaba Pilar Remírez Carlos, acompañada de su hermana y de su amiga, Maite Escudero Yabe, todas ellas voluntarias de la Fundación. “Para rato estoy yo así en la cocina”, exclamaba Remírez. Se acercaba el mediodía y la gente comenzaba a tener ya ganas de catar el jamón. “Con la hora que es y el aroma que suelta…”, decía Jiménez, concentrado en la faena pero sin perder de vista los flashes que le disparaban a cada poco rato. En todo momento llevó puesto un micrófono que hacía que sus suspiros y jadeos de esfuerzo se escucharan por toda la sala. “Cada vez va cansando más”, explicó cuando ya llevaba una hora cortando y sostenía en su mano izquierda un ovillo de jamón “de unos seis kilos”, según él mismo calculó.

Para entonces la gente ya se concentraba en la plaza esperando catar un pincho de récord. “Dadme cinco minutitos más”, pedía Jiménez, “sería una pena dejarlo por donde vamos”. La organización achuchó un poco más y el maestro cortador tuvo que parar ahí su récord. Casi veinte metros de loncha que, colocados sobre dieciocho barras de pan, pasaron a convertirse en el pincho más largo del mundo. No había nadie del Libro Guinness de los Récord para certificarlo, pero los asistentes pagaron un euro para degustarlo y el dinero que se recaudó fue a parar íntegro a la Fundación Juan Bonal. Y ésa también es otra manera de pasar a la historia.