Abra su maleta, por favor. Cualquiera puede tropezar con este imperativo si está a punto de embarcar y debe demostrar que no lleva nada sospechoso antes de coger un vuelo. Un pintor lleva sus inofensivos pinceles, un modisto sus telas, un estudiantes sus libros, pero ¿qué pasa si eres cortador de jamón? ¿cómo viajas con el único utensilio que necesitas, los cuchillos? La normativa europea sobre seguridad aérea es tajante. Están prohibidos. Concretamente, los cataloga en el subgrupo cuatro como herramientas que pueden causar heridas graves, a la misma altura que los destornilladores, los martillos, los sopletes, las sierras o las cuchillas.

Cierto es que no resulta frecuente recorrer los continentes con 16 cuchillos en la maleta. Pero para maestros jamoneros como el extremeño Nico Jiménez es la realidad diaria. El experto y reconocido cortador lamenta que tenga que justificar los útiles de su maleta en cada aduana. “Más que los problemas son las explicaciones que tienes que dar”, precisa. No obstante, apunta que él nunca ha tenido ningún problema, retraso para argumentar por qué lleva los útiles, pero nada más. En ese sentido, el extremeño ha viajado una decena de veces a Estados Unidos y tan solo una vez fue retenido. “Te preguntan, entregas tu documentación y si no tienes antecedentes, pasas”. Eso sí, los cuchillos van a la bodega. Y en un maletín precintado. Comprensiblemente está prohibido llevarlos como equipaje de mano y tienen que ser facturados junto a una autorización.

Más difícil es atravesar Canadá, donde un cortador de jamón necesita un permiso especial expedido por la embajada del país al que pertenece.

La reivindicación del colectivo es clara: que los cortadores de jamón sean incluidos dentro de una categoría en el registro de actividades económicas, es decir, que sean considerados como profesionales. Hasta ahora, solo se les exige que estén dados de alta bien como camareros, bien como autónomos.

De hecho, Nico Jiménez cuando atraviesa el control se presenta como chef de cocina. “Es difícil convencer a los responsables de seguridad de la necesidad de llevar los cuchillos porque son armas blancas, todo sería más fácil si existiera la figura del cortador de jamón”, asevera el profesional del producto que consumen ya más de 130 países en el mundo.

La misma postura comparte José Luis Sánchez, maestro jamonero desde hace seis años y portavoz de la Asociación Extremeña de Cortadores de Jamón para este diario. El profesional, que al igual que Nico apunta que nunca le han retenido el material, pero si le han pedido autorización por cuestiones de seguridad, coincide en la reivindicación general.

Además, Sánchez añade que aparte del beneficio que supondría a la hora de viajar, también resolvería otro problema que afecta a la profesión: el intrusismo. El cortador se queja que muchos se aprovechan del vacío legal que existen en el oficio y trabajan como si de maestros jamoneros se tratara. Mientras tanto, el colectivo se prepara y afila los cuchillos.